Gracias, muchas gracias

Después de once ediciones de El Mundo desde Colima, las que califiqué “ediciones cero”, estábamos estrenándonos en el diarismo, una rotativa offset, la primera en el occidente de México, una cámara de artes  gráficas hecha con tubos galvanizados, marcos de vacío de madera y papel para dar presión, dos componedoras marca Compugraphic que yo fletee desde el Condado de Orange en California a Chula Vista, en una camioneta pick up prestada que consumía más aceite que gasolina, personal semi capacitado en una tecnología totalmente nueva en el estado.

Dos capturistas estupendos, Dilva y José Luis; dos formadores sin la menor idea de las normas del periodismo, Sergio y Ulises. En la rotativa, mi amigo Andrés Cruz y su hijo José Luis, los importé de Guadalajara; y jefe de circulación, Daniel.

En la administración, la señora María de la Cruz Estrada de García; Delia de secretaria; Ofelia, la contadora; Arturo, repartidor de suscripciones.  Y no me pregunten por sus apellidos.

En redacción, Salvador Magaña fue subdirector; su secretaria Carmen Barragán; Mario Covarrubias y dos reporteros también importados de Guadalajara, ambos con muy poca experiencia; Amado Huerta, fotógrafo; y yo, presionado tanto, que no me atrevo a publicar la única fotografía que tengo de la primera prueba corriendo papel, ya imprimiendo la Webbendorfer, mido 1.77 centímetros y medio de estatura y debo haber estado pesando esos días, de septiembre de 1978, no más de 57 kilos.

Así trabajamos once días y el 12 de ese mes, animado por el empuje de mi compadre y amigo Eduardo Hernández Horta, El Chato, me aventuré a iniciar con el número uno la edición de un rotativo que está cumpliendo cuarenta años, hoy la edición deberá llevar el año XLI.

En el primer editorial dije que El Mundo desde Colima no venía a ocupar el lugar de nadie, que no habría de ser un periódico que fuera a llenar ningún espacio, que sería respetuoso y al servicio de los colimenses, que nuestro propósito sería establecer un puente entre la noticia y el que se interesara en ella, sin desviaciones y sin faltar a la verdad.

También comenté: “NOSOTROS ESCRIBIMOS LA HISTORIA”

 

Gracias a quienes me han ayudado y me siguen apoyando, a mis socios que creyeron en una aventura que no se acaba, a mis compañeros de trabajo, a mi familia, a mi esposa María de Lourdes Hurtado de Sánchez, en quien me apoyé 49 años, que me señaló rumbo, a mis hijos, recuerdo sus ojitos, su expresión preocupada, leían en los míos el miedo que me embargaba, mucho más intenso que mi alegría de iniciar un proyecto honesto, limpio, inspirado en lo que viví, siendo yo un niño, cuando mi Padre Manuel Sánchez Silva experimentó lo mismo  para fundar y sacaba a la luz el Diario de Colima. El no me apoyó, pero no le he fallado, El Mundo desde Colima es -como Diario de Colima-, un periódico honesto, respetuoso y respetado, es libre y comprometido con la verdad.

Somos lo Sánchez de la Madrid una dinastía de periodistas, la tercera generación está ya en la brega, en cada medio impreso y cada quien su línea, poniendo en trazos de molde lo que a los colimenses les interesa, somos puente y escribimos la historia.

 

Francisco Manuel Sánchez de la Madrid

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