Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

Ya la hizo Javier Duarte

La justicia se aplica a quienes cometen actos fuera de la ley, hombres y mujeres cultos y honestos, justos e imparciales, analizan, investigan cada caso, lo someten a discusión con sus iguales y se dicta sentencia que debe ser recta y expedita.

Se aplica un castigo al delincuente, la restitución del daño, una multa en función al valor de lo robado, del fraude, de la cuantía económica y una pena corporal igualmente impuesta según la gravedad del o los delitos.

Así debe ser, la aplicación de la justicia debe ser ciega, ausente del interés de quien la dicta en exagerar el castigo o que sea tan leve que no ejemplarice a quien o a quienes pudieran cometer iguales faltas.

Confieso que soy muy limitado en el conocimiento de tan importante tema, pero apoyado en mi sentido común, que es el menos común de los sentidos, he seguido el proceso a Javier Duarte en los medios informativos desde hace dos años o más, que ganó fama en periódicos y espacios noticiosos en la prensa electrónica durante meses, se le fueron detectando abusos de poder, desvíos millonarios, enriquecimiento inexplicable, actos narcisistas y ridículos de su esposa al considerarse merecer ser rica con el dinero ajeno.

Javier Duarte fue acusado de haber cometido desvío de equis miles de millones de pesos cuando fue gobernador de Veracruz, huyó del país, fue detenido en Guatemala y regresado a México, internado en una cárcel, se le ha seguido juicio por varios delitos acusado de haberse robado, como dije, 45 mil millones de pesos, asociación delictuosa, lavado de dinero, de haber financiado campañas políticas de priistas.

Conocimos la imagen de un monstruo sinvergüenza, cínico, usando el término del ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador, no tuvo “llenadera”, para conocer recientemente que el sujeto se declaró culpable de asociación delictuosa y operaciones de procedencia ilícita, de tal manera que en el juicio que  se le sigue se calificó a los delitos de que se le acusa como no graves y fue condenado a nueve años de prisión, además  de habérsele impuesto una sanción de 990 días de multa.

También -hay que decirlo- le fueron decomisados 41 bienes valuados en 45 millones de pesos, una distancia enorme a la cifra que se manejó cuando fue  acusado, además de 20 inmuebles tasados en 45 millones cada uno, pues están ubicados en Santa Fe, una de las zonas más exclusivas y caras de la capital del país.

El decomiso es lo menos que le debieron hacer, pero se hablaba de ranchos, propiedades en Miami. Es mucho lo que le recogen que adquirió ilegalmente de una y mil formas, pero suena ridículo la sentencia: nueve años de cárcel, de los cuales ya le cuentan dos, y aplicándole la ley de normas mínimas, en dos o tres años estará libre, disfrutando de la fortuna le resta y de las propiedades que debe tener.

Se resolvió el caso a través de un procedimiento abreviado que solicitó el enjuiciado al juez, lo que procedió como refiero líneas arriba, pues los delitos no fueron considerados graves.

Pronto, muy pronto estará el señor Javier Duarte viviendo en el Reino Unido en un barrio exclusivo acompañado de su esposa Karime Macías, personaje que cuando fue “primera dama” -válgame Dios- llenaba, escribiendo a mano planas y planas en cuadernos de uso personal la frase: “Merezco abundancia, merezco abundancia…”.

No sé si quepa el recurso de apelación a la sentencia o a una revisión de la misma, pero estamos ante un hecho que hace creíble todo lo que se le acusa al sistema gubernamental.

¿Estará usted de acuerdo conmigo?

 

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