Manejo de recursos

Sigue inmerso el presidente electo Andrés Manuel López Obrador en prometer a sus connacionales la llamada cuarta transformación, la cual incluye, como puntos torales, el combate a la corrupción y cerrarle el paso a la impunidad.

En contradicción con su oferta del cambio de régimen implicado en la llamada cuarta transformación, López Obrador ya ejerce el poder -que asumirá en un mes y 19 días– con pragmatismo e ímpetu propios del presidencialismo acentuado.

Una cuestión que podría sumarse a la cuarta transformación que impulsa el tabasqueño es la relación que sostiene éste con los gobernadores emanados del PRI y PAN, en virtud de que, a juzgar por los posicionamientos de éstos, ha quedado saldado el malentendido en el nombramiento de los súper-coordinadores de Morena, en sustitución de los delegados federales.

Los mandatarios (léase los hoy opositores del tricolor y albiazul) temían en grado sumo la figura de los coordinadores estatales y posteriormente denominados delegados estatales, por aquello de no violar la Constitución con figuras que no se contemplan en la misma. Sin embargo, luego de una detallada explicación, se aclaró que no se impondrán “gobernadores alternos”.

López Obrador, en los cónclaves con los Ejecutivos de distinta ideología a Movimiento de Regeneración Nacional y en el seno de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), ha dicho que la distribución de los recursos se hará conforme mandata la Ley de Coordinación Fiscal, es decir, los mandatarios decidirán la aplicación de los recursos federales que les corresponden.

De este modo, los coordinadores de Morena, algunos de los cuales ya se comportaban como aspirantes naturales a la gubernatura, no  quedarán facultados para manejar  los recursos federales y ni siquiera para licitar. La explicación fue propicia para que no se tensaran o alteraran las relaciones con el Poder Ejecutivo que encabezará AMLO a partir del 1 de diciembre próximo.

La  “gira de agradecimiento” que Andrés Manuel realiza ha devuelto la confianza a los gobernadores que, en efecto, no pretenden convertirse en antiobradoristas por el simple hecho de serlo, ni ser contrapeso a sus decisiones coyunturales, pues están ciertos que si le va bien a él, le ve va bien a México.

 

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