Cicatrices y heridas a 55 años del ciclón de 1959 (Publicado 27/10/2014)

Por Manuel Sánchez Hurtado
Con motivo del 55 aniversario del ciclón del 27 de octubre de 1959, platiqué con Raymundo Padilla Lozoya, investigador, guionista y productor general del documental “Ceniza de Pueblo, memoria oral del ciclón de Minatitlán de 1959”, y autor del libro “Huracán del 59, historia del desastre y reconstrucción de Minatitlán, Colima.”

De acuerdo con sus investigaciones, el huracán del 27 de octubre 1959, comenzó a formarse desde el día 24, frente a las costas de Oaxaca. En días posteriores fue avanzando de manera paralela a las costas del Pacífico y en la madrugada del día 27, cambió su curso. Que originalmente se dirigía hacia mar adentro, rumbo a las Islas Revillagigedo, Clipperton. Cambió el curso y se internó a territorio colimense.

“Hay una carta de Don Luis García Castillo, quién estaba en Manzanillo ese día en la noche, y describe con mucho detalle que a eso de las 11 de la noche, fue cuando empezó a sentirse con mayor intensidad la fuerza del viento y la precipitación de este huracán”, dijo el entrevistado.

De acuerdo con el investigador y periodista, fuentes meteorológicas indican que el huracán se convirtió en categoría 4 y 5, en la costa de Colima, entre 10 y 20 kilómetros dentro de tierra. Lo cual es excepcional, indicó, ya que muy pocos fenómenos tienen esas características. “Sin embargo, si ya ocurrió uno, significa que podría ocurrir otro, porque existen esas condiciones”, comentó el entrevistado.

Según la información que ha recabado, el huracán de 1959 tuvo una gran dimensión, afectó con sus precipitaciones un radio de 200 kilómetros, entre Higuera Blanca en Cihuatlán, Jal., y Coahuayana, Mich.

Los efectos de las precipitaciones incrementaron los cauces de los ríos, dijo Raymundo Padilla, y a través de éstos transitó gran cantidad agua, arrastrando tierra, arena, troncos y animales, que fueron removidos de varios cerros. Tal es el caso de los restos de Minatitlenses, que fueron víctimas de este desastre y que el flujo de escombros los arranco de sus casas al río Minatitlán, posteriormente al Río Paticajo y finalmente el río Cihuatlán, en donde sus cuerpos ya sin vida fueron depositados sobre la playa en muy malas condiciones.

Comentó en la entrevista que el ojo del huracán medía entre 25 y 35 kilómetros, como corresponde a un huracán de esa categoría y que se puede determinar que pasó por Manzanillo, por la carta de Don Luis García Castillo, que dice que a eso de las 4 de la mañana a él, a sus esposa y a sus hijos se les taparon los oídos, y les indicó que abrieran la boca para que se les destaparan. Eso fue debido a la presión. Comenta el entrevistado que en la carta menciona que a esa hora abrió la ventana y vio una “relampagueadera”, pero sin truenos y que se veían las estrellas. Posterior a eso golpeó con más fuerza y fue cuando se produjeron los daños más severos.

Fue un fenómeno que pasó rápido, en once horas ya se había degradado. En el caso de Minatitlán, ya para las 4 de la tarde del 27 de octubre, había salido el sol.

Comentó Raymundo, de acuerdo con los testimonios, que “la gente quedó entre el lodo, unos sepultados, otros a medias, gritando y pidiendo ayuda. Sin embargo, la gente de Minatitlán poco pudo hacer, porque caminar entre el lodo era arriesgar sus propias vidas y enterrarse ellos también. Entonces, fue tremendamente doloroso, porque pudieron apreciar que sus familiares estaban padeciendo y ellos no pudieron hacer  gran cosa.”

Fue hasta el día siguiente, agregó el investigador, que se formaron algunas brigadas organizadas por el Presidente Municipal de ese entonces y el sacerdote del pueblo, para buscar sobrevivientes y rescatar los cuerpos y algunas pertenencias.

De la población que sobrevivió, comentó que “ellos creían que se había acabado el mundo. Fue tal la destrucción, que pensaron que había sido un diluvio y que se había acabado lo que había en la tierra.

“ Los hechos ocurridos en Minatitlán deben hacer recapacitar a nuestras autoridades, comentó el especialista, a los funcionarios les es políticamente más redituable construir obras que se noten y que luzcan, que hacer trabajos y desarrollar medidas de prevención de gran impacto.

Agregó en la entrevista, que el gobierno federal ha desarrollado una serie de estrategias, algunas de ellas importantísimas en prevención de desastres, entre las que hay programas de reforestación, campañas educativas, talleres informativos, pero es muy lamentable que muy pocos municipios acceden a esos programas, porqué los funcionaros no saben cómo desarrollar proyectos preventivos.

De acuerdo con las cifras que tiene, a nivel nacional, en el 2013 se habían destinado 10,500 millones de dólares para reconstrucción por daños relacionados por desastres. Y solamente se habían destinado 100 mil millones de pesos para trabajos de prevención.

Hay que invertir esa balanza y desarrollar más proyectos preventivos, mencionó Raymundo Padilla.

Indicó el autor del libro que si se presentara un huracán como el de 1959, tendrías grandes impactos sin duda. No es difícil imaginar el escenario, cuando vemos lo que ocasiona un huracán categoría 1, como el Jova. Agregó que un huracán con mayor potencial, generaría precipitaciones más importantes y ocasionarían mayores daños.

El personal de respuesta, voluntarios y PC, requieren, según con el entrevistado, de mejores equipos, más capacitación de prevención de riesgos y atención de desastres. Arriesgan su vida y no cuentan con el equipo necesario, son héroes, lo hacen de manera desinteresada por ayudar a la población.

Comentó el periodista que se requiere facilitar la capacitación a éstos grupos y realizar las gestiones para que se imparta en centros especializados, para reducir los trabajos reactivos, que es importante, pero sería más prudente trabajar mejore en la prevención. Cambiar la idea de la protección civil, por una autoprotección civil, que cada persona sepa que hacer ya que nunca habrá suficientes funcionarios para cuidar a la población.

Agregó el entrevistado que es necesario realizar las obras de prevención adecuadas, para evitar que se repita esa tragedia, mejorar las vías de acceso, salidas en caso de emergencias, contar con un sistema de alerta temprana, en caso de que exista algún flujo de escombro, que se realice trabajo de supervisión en los cerros, para evitar que se acumulen los materiales que pudieran deslizarse.

Indicó el especialista que son varias actividades que se requieren para mejorar la prevención. Minatitlán es sin duda el lugar donde existe el mayor riesgo de que se registre un flujo de escombro que pudiera ocasionar una tragedia, comentó para finalizar su relato.

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