Hablemos de …

Altar de muertos

Por Rafael Tortajada

(1933 – 2018)

Publicado el miércoles 2 de noviembre de 2006

 

En el poblado de San Pedro, cercanías de Tenango del Estado de México, es un arte de la geografía que tienen la acendrada costumbre de construir su altar para sus deudos. Hay una mesa de bastantes proporciones donde, después de que el personaje central de la ceremonia ya utilizó el sahumerio llevándolo hasta el último rincón de la casa, se inicia en la mesa indicada poniendo una cruz de cempasúchil que era la flor sagrada de nuestros antepasados.

Enseguida acomodan fragmentos de caña y terminado esto se inicia la ceremonia de ir acomodando las piezas del pan que ya se mandó hacer en una panadería antigua donde amasan a mano y hornean el producto en horno antiguo de ladrillos; cada uno de los familiares va colocando su pan señalando verbalmente a quien lo va a dedicar. Cuando aquello ya se elevó en volumen, se sigue instalando una olla de barro con chocolate en agua en la cabecera de la mesa y empieza en ese momento un desfile de platillos que se acomodan a los lados porque fueron la predilección de los difuntos y ellos se llevarán su esencia; en la parte central se inicia la colocación de fruta cocida como chayotes, huacamotes y otras conocidas en la región; se sigue acumulando la fruta que es donde ya formado el altar se acomodan las flores en la parte terminal.

Como epílogo, la más pequeña de la familia va diseminando en el piso una huella formada por pétalos de cempasúchil y ésta se prolonga hasta la puerta de la calle, en esta forma, las almas que visiten a ese hogar tendrán mayor facilidad para encontrar la senda de su antigua casa. Poco antes se van encendiendo las velas casi siempre una por cada deudo y cuando se termina se vuelve a pasar el sahumerio sobre el altar y se cierra el aposento dejando en la absoluta soledad aquella ofrenda.

Nadie debe tocar la ofrenda hasta el día siguiente. Por la mañana del día 2, muy temprano se trasladan al cementerio cargando sendos ramos de flores y ahí en cada tumba se le limpia, se reza y si es necesario se canta y se vuelven al lugar del altar donde el mayor de la familia inicia a desbaratarlo llevándose en un pequeño chiquigüite el pan hacia el comedor, ahí mismo se calienta el chocolate y ese es el desayuno.

Lo que sigue es sólo preparar el arroz, los tamales, los frijoles de la olla ya que el mole quedó listo desde la noche anterior y a medio día a partir de las 2 de la tarde empiezan a llegar los invitados y sobre todo los compadres que tienen la tradición de ocurrir a entregar algún presente y se les retribuye en la misma forma; los invitados son servidos diligentemente y nunca ha habido la tragedia de que falte comida, siempre hay suficiente. Así, se charla, se opina y empiezan

a despedirse llevando alguna parte del altar que nunca deben despreciar y así hasta el año siguiente.

Del Centro de la República Mexicana hacia el sur, una vez que llega el mes de octubre de cada año, empiezan los pueblos de origen indígena a ponerse nerviosos y por instinto van haciendo mentalmente una lista de lo que necesitan para celebrar dignamente a sus difuntos el futuro 1 y 2 del siguiente mes de noviembre; primeramente el pan que es tan codiciado, luego las flores, esas al igual que la fruta se adquieren hasta el momento preciso; el papel picado que se tiene que pegar en el techo del lugar donde se va a elaborar el altar o la ofrenda y que desde luego tendrá el significado del viento y así sucesivamente todos los elementos con los que se adorna esa mesa mítica que, según los antecedentes que hemos logrado recabar provienen de hace 3 mil años, allá cuando los totonacas iniciaron este culto a los muertos que aún a estas fechas sigue arraigado

en sus costumbres.

Significado que tienen las ofrendas que se colocan el día de muertos

Primero, la ofrenda es signo de aceptación de lo desconocido y de generosidad de los familiares hacia sus seres queridos que regresan del más allá a degustar con ellos los manjares que fueron colocados en el altar.

Segundo, la tierra está representada por la fruta de la temporada que es parte de la naturaleza y creación divina.

Tercero, el viento que está representado por algo que tenga movimiento como el papel de china, artísticamente picado con que se adorna el altar.

Cuarto, el agua, está representada con un jarro de barro lleno de agua para que las ánimas del purgatorio calmen su sed ya que en ese lugar sus difuntos purgan sus culpas por los pecados que cometieron en este mundo.

Quinto, las velas representan la presencia de Dios, luz para alumbrar el camino del difunto que esperan y así guiarlos hacia sus deudos. Varias velas son para cada familiar muerto y un cirio grande para uno solo.

Sexto, el copal representa el alimento de sus antiguos dioses, el humo es el conducto por el cual suben las plegarias y el llamado a los seres que partieron al lugar de la negrura, para que retornen a este mundo en la noche del 1 de noviembre.

Séptimo, el pan representa el símbolo de las grandes celebraciones de nuestros pueblos indígenas.

Octavo, las flores tienen un significado místico religioso como las de muerto que es el cempasúchil, con los pétalos de esta flor los deudos forman una alfombra que a la vez será un sendero desde la entrada de la vivienda hasta el lugar en que se encuentra la ofrenda para que sus difuntos lleguen hasta ella como lo desean.

Con esta explicación los antiguos ancianos nos transmitieron esta tradición llena de gran simbolismo, ya que ellos como sus antepasados consideran al agua como la puerta del cielo, es así la entrada al paraíso. El que se ahoga en él, va directamente a ese lugar de delicias, al tlalocan de los teotihuacanos guiados por un perro, el mensajero y el servidor. Es en la noche de los fieles difuntos cuando se dejan escuchar de boca de algún anciano alguna leyenda.

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