Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Entonces no era cierto?

Ahora resulta que Andrés Manuel López Obrador no es un peligro para México, lo que interpreto como que nos mintieron y nunca lo fue, la mafia del poder quizá haya sido un calificativo atinado, falta saber si en realidad hubo fraude electoral, el presidente electo dijo que se había ya calmado el alboroto que levantó la cancelación de la obra en Texcoco y que los contratistas le han mandado decir que no presentarán denuncias. ¿Saben qué? Creo que tiene razón y lo más probable es que sí haya gato encerrado tanto en los contratos de la construcción del cancelado aeropuerto como en la compra de terrenos cercanos, aprovechando la información privilegiada.

El ventarrón de comentaristas de la prensa metropolitana, que no le era nada amable al aspirante a presidente de México, ha amainado, los que se expresaron en contra de la cancelación de la obra en Texcoco no aplauden la decisión, pero no hacen referencia a ella.

Se formalizó ya el tope de salarios a funcionarios de los tres niveles de gobierno, ninguno recibirá sueldo más alto que el del titular del Ejecutivo -que lo fijó en poco más de cien mil pesos-, y los ex presidentes del país ya no recibirán pensión.

Lo anterior confirma que -y así lo ponderan muchos periodistas que han cambiado de opinión- ahora destacan que el tabasqueño está cumpliendo sus temas de campaña. Quizás rectifique en algunos, no es lo mismo que el señor López Obrador reciba un sueldo poco mayor de cien mil pesos y sus gastos personales y familiares de alguna forma están incluidos en el presupuesto del domicilio que sea oficial, los sirvientes, combustible y otros, canonjías que no operan para funcionarios de primer nivel que serán sus colaboradores.

Hace muchos años conocí al representante de un banco privado mexicano en Nueva York, el señor vestía como un lord inglés, su trato social lo parecía, artificialmente dramatizaba su plática como actuando, comentó que vivía en uno de los barrios más caros de la ciudad del acero y el concreto, de los rascacielos y el centro neurálgico del dinero de todo el mundo.

Su oficina estaba en Wall Street, lo que lo obligaba los días laborables a viajar en auto a una terminal del subway, viajar en el tren subterráneo, tomar un taxi y llegar puntual a su oficina.

El lugar en donde vivía era pagado por el banco, lo mismo que el chofer y las dos ayudantas domésticas que eran oriundas de Oaxaca, y mencionó las cifras de sus gastos indispensables, a lo que yo comenté, palabras más, palabras menos “¿…mi amigo, si tan sólo del tiempo que dura tu auto en el estacionamiento pagas (equis) dólares, debes tener un sueldo muchas veces superior al del presidente de México…”

Su respuesta, acompañada de una mirada displicente, que marcó indiferencia, dijo: “…claro, yo vivo en New York, el vive en el Distrito Federal…”

El servicio diplomático y muchos otros cargos no podrán entrar en el criterio que de buena fe quiere aplicar el señor López Obrador, habrá quizás excepciones y ajustes, pero estoy seguro que no se repetirá el despilfarro de las últimas administraciones presidenciales, de tal manera que pudiera ser que la mafia del poder retrasó a los mexicanos de que nos gobernara un hombre mejor que ellos.

No dejo de reconocer que no son pocos los argumentos que le he escuchado al presidente electo que dan miedo, asustan sus cambios y su exagerado ejercicio del poder, da miedo ver su rostro cuando se enoja y parece el tigre al que amenazó que se podía soltar.

Aún no está en funciones, será el suyo un sexenio con seis meses de más, ojalá y los aproveche, que su liderazgo atenúe sus ambiciones que se siguen antojando mesiánicas, lo que no es necesariamente malo.

Se esperó la llegada del Mesías y cuando llegó nos enseñó la religión apoyada en su ejemplo y sacrificio. No es de ninguna manera el caso, será enfermizo establecer una comparación.

 

 

 

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