Administración pública

Hace como mes y medio el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador  presentó ante la Cámara de Diputados su propuesta de reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, ritual que se hace cada cambio de sexenio.

Las propuestas de reforma,  previo al inicio de un sexenio, muestran la visión de cada nuevo presidente sobre cómo deben ser la organización y conducción de las tareas de gobierno para atender los problemas del país y las demandas de la sociedad, aunado ser un sello del estilo de gobernar de cada uno.

Uno de los mayores cambios que se propone es la creación de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, que concentrará todas las facultades que tenía Gobernación, además de atraer las de seguridad nacional y protección civil. En ésta estará el nuevo Centro Nacional de Inteligencia, que sustituye al Cisen.

En Hacienda se hacen también cambios importantes al centralizar en ella todos los procesos de contrataciones públicas del gobierno federal. Para ello, se eliminan las oficialías mayores de las dependencias, sustituyéndolas por Unidades Administrativas y de Finanzas.

Se concentra en la Consejería Jurídica las unidades  u homólogas de todas las dependencias federales, dándole facultades de nombramiento y remoción. Y obliga a todas  a enviar a la Consejería sus propuestas de reformas legislativas para su revisión, previo a ser turnadas al Congreso de la Unión.

Otra centralización propuesta es en la Oficina de la Presidencia al crear la Coordinación General de Programas para el Desarrollo, de la cual dependerán las nuevas coordinaciones que concentrarán en una sola oficina en cada entidad federativa las relaciones del Ejecutivo Federal con los gobiernos estatales y municipales, estableciendo contacto con la sociedad,  por lo que se eliminan las delegaciones.

Como se puede apreciar en varios cambios, hay una tendencia de centralizar las actividades de gobierno, lo que no tendría nada de malo, pero parece ser que no les interesa tanto el fortalecimiento institucional, sino el control de las instituciones.

La pregunta es si hay capacidad real o no para hacer los cambios que el país requiere. Ojalá que sí por el bien de México. Mantengamos la esperanza.

 

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