Expresiones de vida

Por Eduardo Lomelí G.

Etiqueta de señora

En aquella calle caminaba una humilde señora, empujaba una carretilla cargada de naranjas, un hombre de buen vestir pero personalidad arrogante llama a la vendedora.

-¡Eeeey muchacha ven para acá! La voz era tajante y autoritaria al frente de la residencia se encontraba un taller mecánico, el dueño del negocio se encontraba parado en la puerta de con atención miraba lo que acontecía, la indígena se acercaba al hombre.

-Si Patrón que le damos.- tomaba una bolsa de plástico en su mano.

-¿Cuánto vale la bolsa de tu fruta?-. Preguntaba recorriendo con la mirada la humilde señora.

-Diez pesos patrón, están rebuenas señor.

-¡Mmm dame una!

-Si señor-. Comenzaba a llenar la bolsa de naranjas cuando de repente una voz tajante y grosera interrumpió.

-¡No seas cochina muchacha como tomas con esas manos la fruta! ¿Que no traes agua, para asearte las manos, vienes cargando esa carretilla y así tomas los alimentos? ¡Qué marrana eres, vete, vete retírate mugrosa!-. La pobre señora solo miraba intimidada al prepotente hombre, el color de piel se le iba y venía de la cara, sus ojos se rasaban de lágrimas pensando “pero que hice si va a quietar la cascara” a paso lento se acercaba el mecánico mientras la vendedora decía.

– Si me regala agua patrón me lavo las manos.

-Lárguese a echar sus pulgas a otra parte mugrosa-. Repetía el infame sujeto tronando los dedos de sus manos, al llegar el mecánico al lugar de la discusión preguntó al tipo.

-¿Porque humilla a la señora amigo? Ella solo se gana el dinero para comer no sea abusivo-.

¡Y tú que te metes apestoso, que te importa!

-Si me importa porque estas atropellando la dignidad de esta mujer-. Al escuchar la discusión la señora de aquel arquitecto salía de la casa, pero el prestador de servicios automotrices continuaba.

-Discúlpese con la señora amigo.

-¡Queeeeee yo disculparme con esta mugrosa! jajajajajajajaja, donde le ves el nombre de señora mugroso, señora mi esposa ella si es una señora-. El mecánico sin soportar más la humillación que recibía la indígena respondía con cólera.

– ¡No se equivoque amigo la etiqueta de señora no se compra, se gana señor! y tanto vale esta mujer como la que más.

-No compares maestro que no vez la diferencia, mi esposa es elegante, guapa y esposa de un arquitecto, tiene una posición social-. Mientras hablaba miraba con rabia a la vendedora de naranjas, pero el mecánico destapaba las cartas ocultas.

-Pues tu podrás decir lo que quieras, pero es hora que sepas lo que es una señora de verdad, cuando tu sales a trabajar tu mujer sale a regar los árboles con una minifalda, coquetea con todos mis trabajadores, varios de ellos son amigos de tu mujer ¡no amigo la etiqueta de señora no la da un buen vestir, alguna cantidad de dinero o una posición social, esta señora así como la vez anda ganándose el pan honradamente, respeta a su marido porque lo conocemos también hombre humilde y trabajador como su esposa, mientras que tu señora anda de cusca cuando tú no estás! Aprende esto amigo, la mujer por más humilde que sea pude ser una gran señora-. La elegante dama solo pasaba saliva con los nervios alterados, el mecánico descontrolado por la ira continuaba.

– ¡No amigo jamás menosprecies la sencillez y la pobreza de una persona, la etiqueta de señora no se compra, se gana! Y tu mujer es una cusca con etiqueta falsa de señora.

Aquel hombre con su mirada perdía sin palabras para responder sólo se metió a su domicilio, el mecánico despidió a la vendedora diciéndole,

-No señora jamás permita que su dignidad la utilicen de alfombra ¡defienda sus derechos! porque usted es tan señora como la más cotizada dama de la alta sociedad.

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