Un cuento a la vez

Por Eduardo Lomelí G.

Cuando Dios te señala

Todos los acontecimientos que aparecían en su vida hacían pensar que la vida de Luis se ensañaba con él. Las tragedias, la adversidad que lo sacudía con fuerza, la desesperación que lo absorbía lo llevó a refugiarse en la banca de un jardín, con profunda meditación revivía cada tropiezo de su existencia, en aquel momento de mas angustia un hombre de buen vestir apareció sentándose a su lado.

-Buenas tardes amigo noto en su rostro una desesperación atroz-. Lo miraba fijamente.

-Hola amigo ¿quién es usted?

-Roberto del mazo,

-si, en efecto no entiendo la vida, la mala suerte me persigue, me encuentro desesperado sin fuerzas, las ganas de vivir se han ausentado de mí-. La mirada de Luis reflejaba la desesperación que sentía.

-Algo estás haciendo mal en la vida amigo cuéntame cómo has llevado tu existencia hasta el día de hoy.

-mmmm, he tratado de hacer el bien, he sido dadivoso, no me gustan las injusticias, pero al parecer la adversidad se empeña en destruirme. No consigo avanzar en mis proyectos.

-¡ahí está el punto amigo, no hay más! en la vida tienes que pensar en ti solamente, no tener consideración con nadie, veme soy un hombre exitoso no carezco de nada, Dios me señalo con el éxito, me gané una casa, tengo un carro íntimo modelo¡ soy un exitoso hombre de negocios-. Aquel hombre solo miraba mientras Roberto daba consejos a su discípulo, Cristóbal, el viejo sabio caminaba a paso lento mirada serena y toda una sabiduría en sus palabras, al levantarse aquel Roberto de la banca dejó a su acompañanta mas confundido que antes, con una sonrisa irónica recalcaba con seguridad.

-recuerda bien, para lograr el éxito solo tienes que pensar en ti. El desorientado joven pensaba,

” No podría hacer lo que dice este tipo, no soporto las injusticias si, seque son un tarugo me satisface ayudar a las personas y así jamás podre lograr nada en mi vida. Cristóbal encaminaba sus pasos al encuentro con el gran negociante al tenerlo cerca con seguridad afirmó.

-tus palabras mienten Roberto.

-¿Quién eres tú anciano?

-Simplemente Cristóbal, el viejo andante.

-¿Y porque dices que miento? Cristóbal mira a las dos nombres con atención después de un breve silencio repondría con seguridad.

-Dios jamás señalaría a un individuo con las comodidades que tú dices, con riquezas económicas, con poderíos extremos, las riquezas mundanas son vanas, pierden al serhumano, si estudias un poco la historia eclesiástica o religiosa universal, encontraras que los hombres señalados por el Creador han sufrido el desprecio social, han sido marginados, se enfrentaron a enfermedades terribles, traiciones, testimonios que los ha puesto en peligro de muerte, a ellos los han declarado locos ante la vida mundana, cuando un hombre poderoso como tú muere, lagrimas se extravían para llorar su despedida, cuando uno de esos locos de Dios pierde la vida se reconoce la misión que desempeñó, se inmortaliza su nombre, Pero antes sufrieron la ingratitud mundana-. Los dos hombres miraban con atención al viejo sabio, dirigiéndose a Luis continuaba.

-Si lo que haces en la vida te llena de satisfacción continúa sin esperar recompensas, la recompensa se encuentra en aquel regocijo que te invade al ver a la persona feliz por lo que tu

realizaste y recuerda, nada es ignorado por quien juzgará tu existencia el día de tu juicio final, no contamines tu mente con los consejos destructivos a tu propia escancia, Cristóbal caminó despidiéndose de los dos hombres, desapareciéndose inexplicablemente en aquel pasillo del parque. Roberto y Luis se miraban desconcertados.

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