Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

¿Entonces era cierto?

Desde que Enrique Peña Nieto era candidato del PRI, me entusiasmé con el abanderado a la presidencia del país, un hombre muy joven, con buena presencia, proyectaba confianza, alegre, y convenció a la mayoría de los ciudadanos que fuimos víctimas del refrán “carita mata cartera”.

A lo largo del recorrido por el territorio nacional, el priista dio muestras de incultura, sin recursos como orador, sin propuesta, se rodeó de reprobados militantes del tricolor, dueños de bien ganado desprestigio, como Gerardo Ruiz Esparza y otros sacados del grupo de Atlacomulco, pariente de Alfredo del Mazo González, de Arturo Montiel.

Peña Nieto convenció porque proyectó una nueva imagen de un PRI renovado y derrotó al PAN, recuperando para el tricolor la presidencia que había perdido con Vicente Fox. Peña logró más votos que Andrés Manuel López Obrador, que Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri de la Torre.

Se veía bien el aspirante a la Presidencia de la República, que completó una buena imagen haciendo pareja con La Gaviota, él era viudo y contrajo matrimonio con la artista de cine y telenovelas Angélica Rivera.

Se dijo mucho que fue un matrimonio arreglado, que Peña Nieta firmó contrato por seis años con una artista que tenía exclusividad con Televisa y engañaron a los mexicanos. Nos “chamaquearon”, entre otros a mí, me fui con la finta y les creí.

Pues no, fue una estrategia de publicidad que funcionó.

Escuché demasiadas veces que el gobierno de Peña Nieto era el más corrupto de la historia, que era un gran mentiroso y se aseguró de los muchos negocios fraudulentos de sus colaboradores, empezando por la compra que La Gaviota hiciera de una principesca finca a una empresa con la que el ahora ex presidente tuvo negocios oficiales cuando fue gobernador del Estado de México. Había conflicto de intereses.

Ya para concluir el gobierno inmediato anterior, se dijo que Peña Nieto había negociado con Morena que el PRI perdía, de ahí una actuación que hizo todo lo necesario para fracasar y nada para triunfar, el tricolor entregó el poder y el ganador no ha metido a la cárcel a ninguno de los que fueron señalados como corruptos.

Lo anterior no quiere decir que no haya habido colaboradores de Peña que son dueños de legítima fama de honestos, yo citaría por ejemplo al ex rector de la UNAM y ex titular de Salud, Doctor José Narro Robles; a quien fue secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal; y al ex secretario de las carteras de Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña, y como dije, por destacar algunos. Y debe haber más.

Bonita cosa.

Seis años defendí acaloradamente a Enrique Peña Nieto, a su gobierno, a sus colaboradores, justifiqué lo del robo del combustible, aseguré que la delincuencia organizada era indestructible y el gobierno incapaz de acabar con él, pues ya cambié, creo que nos tomaron el pelo con la boda arreglada entre Peña y La Gaviota, lo mismo que la compra de una costosa finca del amigo personal y colaborador de lujo, Luis Videgaray.

Cada acusación que enturbiara al gobierno de Peña Nieto, inocentemente yo la justificaba, creo que me equivoqué y lo acepto. Creo también, como muchos, que el sexenio del oriundo de Atlacomulco, Estado de México, fue uno de los más corruptos de los últimos treinta o cuarenta años.

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