Valorar a las madres

La ciudad y el país, al igual que buena parte del continente, se aprestan este viernes a una de las celebraciones más tradicionales: el homenaje a las madres.

La conmemoración, que fue oficializada por los Estados Unidos de Norteamérica en 1914 para el segundo domingo del mes de mayo, se ha adoptado en muchos lugares del mundo con la consecuente connotación comercial en torno a la oferta de bienes y servicios cada vez más amplia en torno a la fecha.

Por miles de años, las mamás han traído al mundo a las hijas y a los hijos, y mientras crecen en su regazo y bajo su cuidado han enfrentado como verdaderas heroínas retos, tempestades, enconos y adversidades para proteger a sus vástagos.

Se ocupan y preocupan de éstos en lo que se refiere a salud, educación, manutención, diversión y esparcimiento, etcétera, pues no hay que olvidar -menos soslayar- que cada vez es más creciente el porcentaje de madres solteras.

A las mamás, pese a lo que se argumente como defensa, no se les ha dado el justo valor y el reconocimiento debido por los hijos, la familia y la sociedad en su conjunto, pues se ha mercantilizado en grado sumo esta fecha especial, cuando éstas necesitan sentirse amadas, comprendidas y apreciadas.

Las progenitoras han contribuido por generaciones a la preservación de la familia y la vida, por lo que, en el mismo tenor, incidamos todos, cada quien en nuestra trinchera o ámbito de influencia, en que persista este binomio respaldando las acciones de la reina de la casa y quererlas, admirarlas y consentirlas no únicamente un día en especial, sino siempre.

Hagamos honor mañana al amor que representan las madres, la paciencia, la tolerancia, la vida y la entrega infinita hacia sus hijos. Celebremos pues en familia la bondad infinita que las caracteriza. ¡Feliz Día de las Madres!

No hay que olvidar jamás que ¡madre solo hay una!

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