¿México le teme a la educación?

Po Camila Vallarta de la Peña

Nuestro país no ha sabido apreciar la importancia de la educación para un óptimo desarrollo en cualquier sector, ni el gobierno ni el pueblo mexicano hemos podido entender que esta es la mejor herramienta que podemos utilizar para promover y obtener cambios reales en la sociedad. Sabemos que la Educación en México es un derecho consagrado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero considero que no todos estamos conscientes de las palabras textuales que conforman el artículo tercero. Uno de los elementos importantes a resaltar es lo siguiente:

“El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos. “

Al leer este corto párrafo escrito por grandes y reconocidas personalidades políticas de la historia de nuestro País y compararlo con la realidad del México contemporáneo podemos llegar a la conclusión de que hay controversias entre lo mencionado y lo que realmente sucede. Si hablamos en primera instancia de la calidad educativa, podemos darnos cuenta que es en definitiva un gran freno para el desarrollo económico y social de nuestro país y no un elemento que maximice el aprendizaje. Con los resultados de la última prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), observamos los altos retos que tiene México, con una puntuación por debajo del mínimo en todas las áreas (matemáticas, ciencias y comprensión lectora) y uno de los peores puntajes de todos los miembros de la OCDE. Al salir de la primaria, seis de cada 10 niños mexicanos no pueden hacer multiplicaciones, sumas, ni restas básicas con número decimales; mientras que en Español, la mitad de los niños que llegan a sexto grado de primaria, no pueden entender cuentos. Otro tema que no es congruente con nuestra Constitución es cuando se mencionan los materiales y métodos educativos. Por ejemplo, en la educación primaria sólo 4 de cada 10 escuelas cuentan con computadoras e internet para alumnos, o en primaria 2 de cada 10 estudiantes recibió los libros de texto gratuitos hasta la tercera semana del ciclo o incluso después. Otro tema de suma relevancia es la precaria calidad de las instituciones, en la educación secundaria sólo 23% de las unidades tiene infraestructura adecuada y bebederos y 3 de cada 100 instituciones de todos los niveles no tiene sanitarios.

Todo este enredo de negatividades propician que no haya interés por parte de los docentes capacitados para integrarse al sistema de la educación pública, y aquellos que deciden formar parte son en su mayoría personalidades sin título de estudios superiores, yendo en contra de lo estipulado por la ley. De manera que nos deja sin palabras la nueva Iniciativa para la abrogación de la reforma educativa. El presidente expresó que la promoción de maestros estará asociada a los conocimientos, aptitudes y la experiencia laboral, no mediante la aplicación de exámenes, no habrá evaluación punitiva ni obligatoria, quienes preservarán su derecho de formación y actualización docente. Se argumenta con que los docentes ya han pasado por la escuela normal y concluido la etapa de evaluaciones, y no puedo evitar preguntarme ¿A qué le temen? Si el artículo tercero de nuestra Constitución menciona el abogar por lo mejor para la calidad educativa, ¿qué problema hay en llevar evaluaciones para mejorar y ser perfectible?

No se trata de defender la reforma educativa como si fuera palabra sagrada, dado que sus áreas de mejora son visibles, pero al mismo tiempo fue el primer paso para ir en contra de las fallas del sistema, donde prevalece un gran desorden; manejo arbitrario de plazas, ausencia de controles y vigilancia, corrupción, vicios al otorgar promociones, incentivos, etc. Todo cambio institucional crea resistencia entre quienes lo sufren; las innovaciones nos sacan de nuestra zona de confort y exigen de nosotros una readaptación con el entorno. La reforma educativa produjo desacomodos serios en el sistema educativo que no solo afectaron intereses poderosos, sino que crearon inquietud entre ciertos estratos del magisterio. ¿Será que siempre que vayamos en busca de algo mejor para el futuro de nuestro país existirán personalidades que sólo busquen el bien propio en vez del bien común?

En México el potencial existe, pero si este no se trabaja y se pule quedará en el abandono. Somos un pueblo de grandes personalidades que no deben verse forzadas a estar en colegios privados para tener una educación de calidad, ya que a escala nacional 3 de cada 10 alumnos abandona los estudios por falta de dinero. Somos un País que tristemente presenta divisiones de estratos sociales muy marcadas, por lo que mientras se lucha para combatir estas diferencias debemos de otorgar una educación de calidad para todos los grupos, dando a todos las mismas posibilidades para un óptimo desarrollo. Estamos en la espera de que nuestros líderes políticos tomen las mejores decisiones, pero si no lo hacen evitemos la dependencia y aboguemos por nuestros derechos, juntos.

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