Renuncia en el IMSS

La renuncia de Germán Martínez Cázares a la Dirección General del IMSS no puede tratarse ni adoptarse como un asunto menor por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador y sus asesores y más cercanos colaboradores, sino como una señal que algunas situaciones no han sido del todo congruentes o positivas en aras de la austeridad.

Si bien es cierto el combatir la corrupción y priorizar la austeridad republicana no se le regatea al mandatario de la nación, antes bien se le secunda, debe haber un límite y no confundir el ahorro en áreas insustanciales de la administración, a aquellas estratégicas o sentidas para la población, en este caso para la clase trabajadora adherida al Instituto Mexicano del Seguro Social.

No puede el presidente hacer recortes en puntos nodales de su administración, porque ello conlleva afectar renglones importantes como es la salud; no debe olvidar López Obrador que “primero los pobres”, como se ha empecinado a señalar a los cuatro vientos.

La dimisión al cargo de Germán Martínez el martes reciente y que dio a conocer a través de una carta en la que reprocha la “injerencia perniciosa de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público” en las actividades del organismo que se encontraba a su cargo, tiene lecturas que necesita asimilar el titular del Poder Ejecutivo federal, sin soslayar ninguna.

La primera defección en el gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador se produjo, entre otras razones, porque desde la SHCP se daban instrucciones y resoluciones que correspondían exclusivamente a los funcionarios del IMSS, pues en su ejecución del control presupuestal los hacendarios recurrían -a juzgar por lo dicho por el también senador Martínez- a la imposición en lugar del diálogo.

Para Martínez Cázares los recortes presupuestales y el despido del personal ponía en entredicho al instituto, el abasto de medicamentos y sacar del atolladero al mismo, de ahí su renuncia. Pero quizás pierde de vista -o no lo quiere reconocer en público- que el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, no actúa por decisión propia, sino quien encabeza la Cuarta Transformación en el país.

Más allá de posturas e intereses de los diversos actores involucrados, la renuncia del ex panista y también ex secretario de la Función Pública, guarda un aspecto positivo en tanto lleve a analizar y debatir públicamente los procedimientos administrativos del gobierno de la Cuarta Transformación, y que ello no implique más dimisiones.

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