Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio)

Por Pbro. Jesús Mendoza Preciado

Iluminados y convertidos por Jesús

Evangelio de san Juan; 20, 19-23

Domingo 09 de junio 2019

Texto del Evangelio:

“19. Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» 20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. 21. Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.» 22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: 23. a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»”

Comentario: I La muerte tan cruel y deshonrosa, que sufrió Jesús, no lo separó de sus amigos.

Jesús da su amor, expresado en sus palabras, como un lazo de unión indestructible.

Jesús les pide que crean en él como manifestación de Dios, amor ilimitado e inabarcable.

En otras palabras, que este amor marque en todo y para siempre sus vidas.

Jesús se nos da a conocer como expresión de amor inabarcable, que quiere llenarnos de una inmensa alegría, fruto de una intensa unión con Dios.

II Pero para captar la oferta de Jesús, se necesita tener la visión de Jesús.

Por eso Jesús nos promete su ayuda, al maestro interior, su iluminación creadora, nos da la sabiduría divina y la certeza de que contaremos siempre con la ayuda de Dios.

Por eso ningún ruido, por más exagerado que sea nos aturdirá. La promesa dada por Jesús nunca nos fallará.

III La labor de este Espíritu de la verdad, que quiere permanecer siempre con nosotros, es enseñarnos a vivir cada vez con más fuerza reflejando el amor indestructible de Dios, manifestado en Cristo Jesús.

Él no dejará de ayudarnos a vivir en todas sus consecuencias en el océano de sabiduría vivificadora que es Dios.

IV Por lo tanto, nada que rompa la unidad de la comunidad, es fruto de la actividad del Espíritu de la verdad.

Toda intriga, toda calumnia es contraria a la santidad del Espíritu de Dios.

Toda falta de entrega y toda pereza está atentando contra nuestra grandeza de ser residencias del Padre celestial y de Jesús nuestro salvador.

Toda avaricia y toda hambre y sed de dominio nos impiden vivir como Templos del Espíritu de Dios.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *