Un cuento a la vez

Por Eduardo Lomelí

Víctima y victimario

Susana y Beatriz eran inseparables amigas desde aquel día en que Susy se encontraba en bancarrota, sin el apoyo de nadie, desempleada, sin amistades que avalaran por ella, la desesperación de aquella mujer era insoportable, Beatriz de corazón noble se compadecía de la desconocida y platicando con su jefe empeñó su nombre para que Susana fuese integrada al grupo de trabajadores.

-Don Julio, dele la oportunidad-. El patrón con desconfianza miraba a su más eficiente colaboradora y después de un breve silencio respondía.

-Está bien Betty sólo porque tú me lo pides la pondremos a prueba un mes-. Con una sonrisa salía de la oficina del jefe para dar la buena noticia a su reciente amiga.

-¡Listo! ya estás contratada amiga, ahora a echarle todas la ganas para que puedas ganarte la confianza de la sociedad nuevamente-. Susy con gran agradecimiento a su defensora respondió.

-¡Claro amiga no te fallaré!-. Los días, las semanas, los meses corrían, Susana lograba ganarse la confianza de los jefes inmediatos mostrando un agradecimiento interminable a Betty, una tarde al quedar sola en las oficinas la avaricia se apoderó de Susana, todo estaba perfecto para robar la caja fuerte, pues era tanta la confianza que le había tomado el jefe que le dio las llaves y combinación para que imprimiera unos documentos importantes, los tomó junto con pacas de dinero que se encontraban dentro de la caja de seguridad.

Con gran astucia dijo a Betty, “amiga tengo que retirarme al médico, siento un poco elevada la presión y quiero que me chequen, te dejo las llaves del jefe para no regresar”.

-¡Claro amiga! con gusto se la entregaré mañana-. Al día siguiente la inocente empleada se dirigió al escritorio de su amiga diciéndole.

-No llega el jefe así que te hago entrega de las llaves que me encargaste para que seas tú misma quien se las entregue a él.

-Claro amiga de acuerdo, muchas gracias-. Pasado el medio día después que ya le había entregado las llaves a Javier una fuerte voz se dejó escuchar desde el privado.

-¡Susana venga inmediatamente a mi oficina!

-Si jefe que se le ofrece.

-¡Aquí falta dinero mucho dinero, ¿dónde está?!

-No lo sé, yo dejé las llaves a Susana por la tarde de seguro fue ella.

-Betty venga inmediatamente-.

-Si dígame-. Susana miraba con coraje a la inocente compañera mientras el hombre de traje hablaba.

-Aquí falta dinero y usted se lo robó sinvergüenza la voy a meter a la cárcel si no aparece ese dinero -. La defensa de la empleada era inútil no era creíble nada de lo que decía, la fuerte confianza que Susana había ganado la limpiaba de culpas y remediablemente Beatriz fue a dar a la cárcel; los años pasaron, la condena fue cumplida pero su credibilidad y recomendaciones eran nulas ante la sociedad. Mientras la cruel de Susana se encontraba sentenciada a muerte por un cáncer agresivo que la consumía con rapidez pero que no llegaba a su etapa terminal. Betty caminaba por un parque ignorante del mal de su ex compañera, tomó asiento sobre una banca, un hombre de avanzada edad se acercó a ella preguntando.

-¿Por qué esa mirada amiga?

-¿Quién es usted señor?

-Tu amigo Cristóbal, un viejo conocedor de la vida, ¿qué te sucede?

-No lo sé, me han hecho mucho daño, entregué todo por una amiga y ella me traicionó sin consideración alguna, sin pensar siquiera lo que yo la quería y todo lo que por ella hice-. La mirada de aquella mujer se mostraba cansada, sin paz dentro de ella.

-¿La odias mucho mujer? preguntaba el viejo Cristóbal.

-¡Si mucho! porque yo entregué todo por ella y la muy ingrata me culpó de lo que no hice echando a perder mi vida para siempre.

-¿Cuánto la detestas mujer?

-Como nunca lo había hecho viejo Cristóbal.

-¿Le deseas la muerte acaso?

-¡No, claro que no! seria poco para ella, quiero que sufra, que su vida sea larga y tormentosa, que ni aún dentro de su agonía encuentre paz, que pida la muerte y que la misma muerte se aleje de ella-. El viejo andante le miraba con la compasión que requería una persona enferma de su alma, después de un largo silencio respondería el anciano recorriendo su cara con ternura en su mano.

-¿Y eso vas a ofrecer a quien trate de darte una oportunidad? Qué podrás ofrecer a nadie, sólo odio mujer, rencor, amargura, una vida llena de sufrimiento que sólo dañará a quien se acerque a ti queriendo darte apoyo, olvida el daño ocasionado ¡vuelve a la vida! deja que todo surja según las consecuencias que trae el comportamiento de cada persona, ¡llora, grita, suelta ese odio acumulado! y después sonríe a la vida que te espera con grandes sorpresas-. Sin remedio Betty comenzó a llorar incontenible sobre el pecho de Cristóbal, su alma perdonó y sanó como por arte de magia, Susana murió en ese momento, mientras que el viejo andante le despedía con una sonrisa.

-Anda mujer busca el camino que te llevará a la felicidad que te espera y recuerda siempre, lo que tu corazón acumula es lo que ofrecerás a quienes te rodean, no existe acto de la vida que no se pague, pero no eres tú el juez, solo existe víctima y victimario.

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