Caldero Político

Por Juan Ángel Magaña Hernández

Si México promueve lo que consume, ¿se fortalecería la economía interna nacional?

Sin duda el señor Presidente Andrés Manuel López Obrador viene promoviendo esta idea central para de una vez por toda no seguir siendo un país dependientista sobre todo de los EUA. Y ante esta propuesta ¿es factible?. Hay que recordar que nuestra nación dentro de su historia económica, ha atravesado por diferentes fases de alto y bajo crecimiento. Particularmente desde el año de 1982 a la fecha, la economía mexicana ha presentado un muy bajo crecimiento. El crecimiento ha sido insuficiente como para generar el número de empleos que requiere la población que cada año viene en aumento. Sin crecimiento económico y sin empleo no se generan las condiciones necesarias para superar los obstáculos que impiden alcanzar el desarrollo económico de nuestro país. La constante del periodo de los años de 1982-2010 es una tasa de crecimiento económico promedio del PIB per cápita por debajo de 1.0%; y más recientemente de (1993 a 2011) una estabilidad macroeconómica neoliberal decepcionante, ya que aunque se redujeron en estos periodos las tasas inflacionarias, se ha mantenido el déficit moderado en las finanzas públicas y controlado el déficit externo, existiendo un agudo problema en el desempleo y en las crisis macroeconómicas recurrentes (hay que recordar los años de 1982, 1986, 1995, 2001 y 2009). En este contexto, ponemos en evidencia que el crecimiento económico en México ha sido sumamente bajo desde la década de los ochenta a la fecha. Lo que obedece, principalmente, a las políticas neoliberales impuestas por el actual modelo económico que tenemos, derivado de las reformas del consenso de Washington, que trajeron consigo un crecimiento insuficiente del sector industrial manufacturero. La búsqueda del progreso económico ha sido una preocupación constante de los economistas, y fue Smith (2004) quien sentó las bases para las modernas aportaciones en la materia. Para este autor, la principal fuente de la riqueza de las naciones y regiones se encuentra en la división del trabajo, especialmente en las actividades manufactureras, dado que genera una mayor especialización en los trabajadores y fomenta la inventiva e imaginación, lo que produce un mayor rendimiento por unidad de trabajo (productividad). La división del trabajo es la causa de los aumentos en la productividad y por tanto es un factor crucial del mayor o menor crecimiento económico. Dado que Smith entendía que las relaciones de causalidad son bastante complejas, suponía que a su vez la división del trabajo tenía su origen en la extensión del mercado, ya que entre más grande sea el mercado (demanda) mayor será la extensión en la cual la diferenciación y especialización son llevadas a cabo y con ello se da una mayor productividad. De esta forma, la división del trabajo en las manufacturas es una consecuencia de la extensión del mercado, pero la extensión del mercado resulta de una mayor división del trabajo. Es pues en las industrias manufacturas donde se genera tal clase de círculos virtuosos para la economía; para Smith sólo en ellas se presentan rendimientos crecientes a escala, es decir, cada que se aumentan los insumos productivos, la producción se incrementa en una proporción mayor. Los casos de China y la mayoría de países asiáticos (Taiwán, Singapur, Malasia, Japón, Hong Kong) ofrecen evidencia aplastante en torno a la importancia que tienen los procesos industrial-manufactureros para una economía emergente. A pesar de que ciertos trabajos de corte sociológico han puesto en duda las ideas de Smith con base en la aparición de las modernas actividades de servicios. Entonces ¿porque los mexicanos seguimos teniendo estas crisis económicas?. Sencillo, el problema del bajo crecimiento económico en México ha sido objeto de múltiples interpretaciones, algunas de las cuales solo se exponen algunas con la intención de destacar el presente análisis. Para Guillén (2000), la causa principal detrás del estancamiento se encuentra en las políticas que neoliberales, las cuales siguen al pie de la letra los dictados del Consenso de Washington, sin considerar las particularidades y retos de la economía mexicana; esta opinión, dicta que las políticas son de carácter pro-cíclico, con lo que lejos de corregir el problema del bajo ritmo de crecimiento, terminan profundizándolo. Siguiendo una línea de argumentación similar, Calva (2001) considera que la causa del problema se encuentra en la dependencia de la economía mexicana respecto al ciclo económico estadounidense, sumada a la estrategia macroeconómica recurrentemente aplicada en México desde tiempos de Carlos Salinas, que erige la estabilización de los precios en objetivo prioritario a ultranza. Por otra parte, Fuji (2000) concluye que la causa básica del estancamiento proviene del sector externo. En los últimos 25 años, toda fase de crecimiento ha generado de modo sistemático un

déficit en la balanza en cuenta corriente, que a la postre es imposible financiar con el ingreso de capitales. La alta elasticidad de las importaciones, rasgo tradicional de la economía, creció a raíz de la apertura externa. Ello se debió a que la industrialización por sustitución de importaciones redundó en una base industrial considerable, pero que en gran parte no podía competir con los productos importados, por lo que sobrevivía al amparo de la protección. El acelerado desmantelamiento de ésta no permitió que la mayoría de las empresas industriales se pusiera en posición de afrontar las nuevas condiciones de mercado. Así, los productos importados se apoderaron del mercado de bienes de consumo y, en particular, de intermedios y el de bienes de capital. Esta situación contribuyó a debilitar los encadenamientos entre las ramas de la manufactura, por lo que el crecimiento de la industria pasó a repercutir cada vez más directamente y en forma más que proporcional, en las importaciones manufactureras. Esto ha ocurrido tanto en las ramas exportadoras como en las orientadas al mercado interno. Para Huerta (2004), no se cuenta con el financiamiento interno para el crecimiento y los flujos externos se reducen al dejar de ofrecer la economía condiciones de rentabilidad. A lo que se suman las políticas monetarias y fiscales de carácter restrictivo. De acuerdo con Perrotini (2004), el régimen de inversión productiva insuficiente que prevalece desde la crisis de nuestra deuda externa, las políticas de ajuste, estabilización macroeconómica y cambio estructural en combinación con los vacíos institucionales de la economía mexicana, propiciaron un ambiente macroeconómico adverso para la inversión productiva y, por tanto, una reducción de la tasa de acumulación de capital. La resultante pérdida de empleo y producto es la inevitable contraparte del éxito de las políticas antiinflacionarias. Entonces la propuesta Presidencial es que, México sea autosuficiente porque si se sigue vendiendo los productos que producimos, estos se van a encarecer pues en el extranjero lo circulan a un precio módico para sus habitantes, mientras que para los mexicanos los compramos en forma cara, es decir, si México produce lo que consume, no habrá necesidad de vender tantos productos al extranjero solo lo conducente para fortalecer el mercado internacional y que México siga siendo el eje económico fluctuante en ello. Mi correo: jamhcom@gmail.com

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