Evangelii gaudium / La alegría del Evangelio

Por Pbro. Jesús Mendoza

Fiesta de la Santísima Trinidad

“Dios cada vez mayor”

Evangelio de san Juan 16, 12-15

Domingo 16 de junio 2019

Texto del Evangelio:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes.

Comentario:

I El primer encuentro de Abrahán con Dios, o tal vez mejor decir, el primer encuentro de Dios con Abrahán, estuvo marcado por sorpresas: Dios arranca de su tierra, en concreto de su parentela a Abrahán. Lo deja como hoja que se lleva el viento, lo manda a lo desconocido. Este se pone totalmente en manos de Dios; quien le promete una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar.

Cuando, como fruto de su inmensa fe, Dios a él que esperó cuando no había ningún motivo para esperar, le concede un hijo, parecía que el gran anhelo se esfumaba dolorosamente. A Abrahán le pareció que Dios le exigía un sacrificio devastador; que sacrificara a su hijo único, a la razón de su vida, a la recompensa dada por Dios mismo, a su sueño dorado, a la inmensidad del amor, a la prueba de que era querido por Dios.

Él está seguro que si le exige renunciar a la razón de su vida, a todo futuro, que se quede sin nada, completamente solo, ¿En quién se va a apoyar? ¿Qué sentido tiene la vida?

A pesar de que no hay motivo alguno para esperar, Abrahán confía en Dios.

Con esta inmensa fe, a Abrahán Dios lo llenó de su fidelidad divina.

II Moisés fue un prófugo afortunado. Vivía tranquilo y cómodo en tierra ajena. Tenía familia, tenía ganado, nadie lo molestaba, pero vio una zarza ardiente que no se consumaba. Oyó una voz que lo llamaba, pero no vio rostro alguno, recibió un encargo, según el irrealizable. No le dice su nombre quien le hace el encargo. Esto equivale a perder toda seguridad y a vivir de sobresalto en sobresalto. Moisés se enfrenta con el grupo al que va a liberarlo.

Se trata de hacer de un montón de esclavos en el pueblo de Dios. Se trata de convertir de los siervos de un dios falso en amigos de Dios leal.

Moisés, ya no vivió en su refugio seguro, tampoco llegó a la tierra prometida.

Pero algo dice Dios en el libro de Isaías “Tus caminos no son mis caminos”.

III A través de los profetas Dios se nos revela como exigencia e impostergable de justicia, como amante apasionado de justicia, como fuente intermitente de ternura exigente y renovadora. Por eso Dios que nos quiere con amor verdadero, vivir a fondo ese encuentro, que nos llama a vivir a fondo de su lealtad divina.

Nunca podremos achicar la intensidad de este inabarcable cariño.

IV En Jesús, Dios se nos muestra como amigo entrañable de los considerados desechos humanos, de los leprosos, de los desechados, de los desprestigiados, los vistos con asco y como desperdicio. Para todos ellos tiene actos y palabras de confianza, de respeto y de cariño.

Jesús dice que no puede ser de otra manera, porque así es su Padre celestial.

En todos sus hechos se acerca a nosotros con la misericordia y el cariño de Dios.

En Jesús se nos da a conocer que a nadie, por ningún motivo condena o rechaza Dios.

En él vemos, que Dios es inabarcable insondable océano de amor, a quien atinadamente la Iglesia llama Santísima Trinidad.

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