Reflexiones de vida

Por Eduardo Lomelí

Todos ocupamos de todos

En aquella mañana lluviosa se encontraba Pablo en un puesto de tamales, disfrutaba de la vendimia de aquella señora, un indigente se acercaba a él pidiendo una caridad económica.

-Disculpar patrón ¿no me regala una moneda para completar un atolito?-. Aquel hombre de buen vestir lo miró con desprecio respondiendo altanero.

-¡Lárguese de aquí mugroso que me molesta tu presencia, ponte a trabajar! -.

-Disculpe señor no quería molestar, solo traigo hambre patrón -. Indiferente regresó la mirada ignorando al pordiosero, quien se retiró triste y cabizbajo mientras que Pablo comentaba con el compañero en turno que se encontraba sentado a su lado.

-Como ve amigo, quieren comer de gratis estos mugrosos -. El viejo Cristóbal respondía con sabiduría.

-Creo que no era la forma para decirle que no amigo, en esta vida ocupamos todos de todos, si joven, del más insignificante que pueda ser para ti, algún día podrías necesitar de sus servicios.

-¡No viejo! mi padre me ha enseñado que jamás pida favores y de esa manera jamás estaré comprometido a tener que brindar apoyo a nadie. El viejo Cristóbal lo miraba profundamente antes de responder a sus palabras, después de un breve silencio continuó.

-Amigo, querido amigo, muy a menudo solicitamos de la gente que nos laven el carro, que nos indiquen algún domicilio, que nos orienten sobre lo bueno y lo malo, simplemente que nos den un servicio.

-Bueno los servicios yo los pago, así que no tengo compromisos con la gente.

-La vida querido amigo es un compromiso latente, donde así como el más pobre solicita, el más rico de igual manera, el poderoso requiere de los servicios del más pobre, la soberbia nos hace proceder de la misma manera en que tu lo hiciste con ese indigente que sólo solicitó de una moneda de tu parte, moneda que es muy probable tú la malgastes en un centro nocturno o cantina, enriqueciendo el bolsillo de una persona que al brindar un placer para tu cuerpo probablemente te esté ofreciendo también la destrucción de tu vida, este hombre sólo tiene hambre amigo y en ningún momento te agredió con sus palabras -. Pablo lleno de soberbia respondía al viejo Cristóbal.

-Bueno cada quien sus costumbres, yo jamás ocuparé de un indigente ni de nadie porque no me gusta la palabra gracias y para no tener que utilizarla no pido nada -. Aquel tiempo de almuerzo corría con calma al terminar sus alimentos Pablo solicitaba la cuenta.

-Señora dígame cuanto le debo.

-Claro señor en un segundo -. Al decir la cantidad Pablo desembolsó el dinero pagando la cuenta y despidiéndose de esta manera.

-Aquí tiene señora con permiso-. Al dirigirse a su auto para abordarlo se percató que cerca de su vehículo se encontraba una riña callejera, conforme se fue acercando se percataba de un hombre que se encontraba tirado en el suelo golpeado con saña sobre su rostro y su carro no tenia dos tapones de las llantas, se dio cuenta que el lesionado era el mismo indigente que minutos antes le solicitó una moneda, con gran cólera se dirigió a él diciéndole.

-Maldito indigente con que te querías robar mis tapones verdad ¡claro, como no te maté el hambre! lo tomaba de la camisa queriendo levantarlo mientras el indigente se defendía con palabras

-¡No señor le juro que no quería robar nada!

-¡Ahorita le llamaré a una patrulla!, como que no, si aquí están mis tapas, ya verás mugroso! -. Al intentar levantarlo con violencia un hombre de alta estatura y cuero robusto interrumpió con ronca voz.

¡Suelta a ese hombre!

-Porque si me quería robar este mugroso.

-No amigo, él enfrentó a los ladrones y les quitó tus piezas por eso lo golpearon, porque no investigas antes de actuar, tu sí que eres un patán.

-¡Queeeeeeee! ¡El defendió mi carro!

-Si amigo, pídele una disculpa y ¡dale las gracias imbécil! -. La prepotencia de Pablo desapareció como por arte de magia y solo tartamudeaba.

-Sí, si se se señor gracias, amigo ven te llevaré a que te bañes y que comas bien gracias, gracias amigo -. Levantando al indigente lo dirigió a su auto, al voltear a la esquina se percató que el viejo Cristóbal se encontraba ahí observando, con la profundidad de su mirada le transmitía su pensar repitiendo las palabras, “todos ocupamos de todos, el rico del pobre, el fuerte del débil, el poderoso del humilde, y viceversa”. Jamás menospreciemos a nadie porque no sabemos en qué momento la vida puede cambiarnos con severidad, convirtiéndonos de lo más poderoso a lo más insignificante, dar la gracias o apoyarnos en alguien no es vergonzoso, lo realmente penoso es no tener humildad para aceptar que ocupamos del amigo.

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