Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio)

Por Pbro. Jesús Mendoza Preciado

En el trabajo de Jesús (San Lucas 10 1-12.17-20)

Domingo 07 de julio

Texto del Evangelio:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad». Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada

os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

Comentario:

I Para trabajar con Jesús, lo más importante de todo, es tener una firme vida de oración, porque no se trata de vender una idea o un producto, se trata de que tengamos la mentalidad de Dios y sepamos comunicar la experiencia de bondad y generosidad que sólo Dios puede dar.

Sin la vida de oración tarde o temprano uno se desanima y uno se deja embaucar con espejismos.

El trabajo de Jesús requiere comunicación seria, sencilla, humilde, constante y confiada con nuestro Padre Celestial.

II Una característica del que trabaja por el reino de Dios es el desprendimiento y la ausencia de toda codicia y de toda ambición.

Nada ni nadie vale más que Dios, por eso Dios no debe ser un escalón para conseguir riqueza, prestigio o poder.

Ya lo decía la Didaje, un escrito de finales del siglo primero o principios del siglo segundo, “no admitan entre ustedes a un profeta que ande detrás del dinero”. Porque sería reducir a Dios a un objeto cualquiera.

También nos pide que no andemos en busca de privilegios. No somos más que el resto de la comunidad. Más que debernos la comunidad a los ministros del Evangelio, éstos le deben a nuestro Señor.

No debemos ningún ministro del Evangelio, sacerdote, religiosa, laicos, buscar atenciones especiales. Nadie tiene que aprovecharse de las comunidades con el pretexto de servir al Señor. Hay que seguir a Dios y no tratar de servirse de Dios. Esto sería una injustificable deslealtad.

Uno tiene que estar consiente que al trabajar para Dios hay que renunciar de raíz a toda violencia y a toda codicia. Con toda nuestra vida debemos proclamar que Dios es la dicha más grande que podamos alcanzar.

Con este trabajo podemos empezar a abolir el poder del mal. Por eso dijo Jesús: “Ví a Satanás que caía del cielo como un rayo”.

Pero lo más hermoso de este trabajo es que nos une para siempre a Dios. Nos vuelve mensajeros de su justicia y de su misericordia, nos convierte en amigos entrañables a Dios, y esta amistad es para siempre.

La fidelidad de Dios es indestructible, como lo es el mismo Dios.

 

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