Filias y fobias

Por Carlos de la Peña

Grandes ausentes

Ojalá tuviéramos a Margarita Zavala, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Jaime Rodriguez Calderon fungiendo como asesores del presidente. Una lejana y llana utopía. Los 4 pregonaban un ideal de país en caso de que se concretara su victoria. Un México sin corrupción, violencia, impunidad y de gran progreso económico. ¿En que quedaron las buenas intenciones? Meade sigue su camino en el sector privado, Ricardo Anaya ha desaparecido, Margarita Zavala se encuentra en la formación de un nuevo partido político, Jaime Rodríguez volvió a su estado (donde nunca debió salir, ya que se comprometió a gobernar 6 años). ¿Que no el gran momento del cambio era en 2018?

Una de las grandes deficiencias del gobierno actual es la falta de contrapesos, precisamente tema en el cual el menos culpable es el presidente Lopez Obrador. Desconozco si existen aún contrapesos de relevancia, pues consideró que los partidos los tienen muy guardados o simplemente aún no los han producido. Veo una ausencia de talentos natos. No encuentro al sucesor de Maquio, Cardenas o Colosio. Las redes sociales nos han venido a pintar falsos espejismos acerca de la nueva política.

Sin continuidad de proyectos y armonía entre los actores políticos, difícilmente llegaremos a buen puerto. Existen demasiados detractores del gobierno actual que darían todo para que el país no avance por el simple gusto de ver a Lopez Obrador caer, así como Lopez Obrador hizo hasta lo imposible por dificultar el ejercicio del poder de los últimos presidentes. La guerra político-mediática trasciende justas causas. Seguimos encajonados en una guerra partidista. En una absurda guerra partidista.

La distinción partidista debe ir más allá de los colores. Debe recaer en el ideal de país y en el fin último. Ningún partido es malo, simplemente tienen distintas ideas. Me atrevo a traer a discusión 1984 de George Orwell, un clásico del horror lógico. Ahí existe la distinción entre el capitalismo y socialismo, pero en más de una ocasión se describen aspectos positivos de ambos. En Mexico, sin embargo, vivimos en una constante guerra ideológica sin sentido teórico. Apuntamos hacia donde nos indiquen nuestros sesgos, no sin antes documentarnos acerca de lo que defendemos. Es como un especie de “carrusel del prejuicio”. Así lo llamaría.

Urge que nuestros jóvenes entiendan la gran responsabilidad que acarrean. Que discutan y se informen de fuentes confiables. Que lean de sus temas favoritos y que discutan los mismos. La gran ausencia de nuestros tiempos recae en la objetividad, en la creación de líderes falsos que son incapaces de hilar tres palabras seguidas o de defender una idea o una causa en común. Lo más preocupante aún, la incapacidad de no ponerse de acuerdo en nada. Tenemos un gran sentido crítico cuando se trata de buscar las deficiencias y errores de quienes no comulgan con nuestros ideales. Claro está, no sea para ponernos de acuerdo en una agenda en común porque resultaría escandaloso.

Hay mucho talento que intenta sobresalir, pero lamentablemente están siendo retenidos por quienes quieren que las cosas sigan igual. Que viva la discusión pública y mi gratitud a quienes se atreven.

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