Filias y fobias

Por Carlos de la Peña

La esperanza de Alito

Se acerca la contienda interna en el Partido Revolucionario Institucional para conocer a su nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Se dice que quien lleva ventaja en las preferencias de la militancia es Alejandro Moreno Cardenas, mejor conocido como “Alito”. Un priista de cepa, ex-gobernador de Campeche y que conoce las bases del partido a la perfección. Me parece que, de darse su triunfo, es lo mejor que le puede pasar al PRI. Me explico:

La dolencia más grande en las pasadas elecciones para el Partido Revolucionario Institucional fue precisamente la nula identificación que tenían las bases del partido para con sus candidatos. Si bien el Dr. José Antonio Meade hizo un gran esfuerzo por sacar adelante su campaña, jamás terminó por conectar. Esa sinergia necesaria entre candidato y militancia es fundamental para de ahí partir a otros horizontes electoralmente hablando. En Alejandro Moreno se puede encontrar lo que no se logró con Enrique Ochoa, Rene Juarez o Claudia Ruiz. Un líder priísta con identidad partidista es lo que justamente necesita una de las instituciones políticas más importantes (sino es que la más) de la historia de México.

En los otros frentes están cerrando filas. Calderon busca fundar un nuevo partido, el PAN trata de convertirse en la oposición más fuerte frente al gobierno morenista y algunos elementos de la sociedad civil han dado señales de querer involucrarse de lleno a la política. Falta un gran protagonista en sumarse a la carrera: El PRI y su renovada dirigencia.

La planilla de “Alito” cuenta con frescura juvenil debidamente preparada, pues al seleccionar a Paul Ospital como su vocero da muestras que la nueva generación de cuadros priístas serán tomados en cuenta para futuros procesos electorales. El PRI debe apoyarse en la fórmula que alguna vez le dio resultados. Fortalecer los nexos entre el partido y sus simpatizantes/militantes.

En tiempos de cambios y nuevas formas de hacer política, la renovación era inminente. Parece que los partidos ya lo están entendiendo. Los liderazgos fuertes y plenamente identificados con sus ideales deben tomar la capitanía de sus respectivas embarcaciones. La cuarta transformación del gobierno obradorista esta en marcha, respetando la democracia y los procesos internos de los partidos. Al haber distintos ideales de país, cada partido debe de tratar de hacer llegar a la ciudadanía su mensaje. Así fue como triunfo el presidente Lopez Obrador.

Me parece apresurado quien considere que el PRI esta viviendo sus últimos años. 90 años de institución no se pueden tomar a la ligera. Muy debatibles los resultados de sus gestiones a lo largo de sus administraciones, pero lo que es un hecho es que no se puede entender al México contemporáneo sin el PRI.

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