Reflexiones de vida

Por Eduardo Lomelí

Cobarde

Aquel día me encontraba dentro de mi negocio, recuerdo que era un día en que no se laboraba, con los compromisos encima tuve que asistir, lo recuerdo como si hubiese sido ayer, serian las once de la mañana cuando un hombre de cuarenta años aproximadamente al ver la puerta abierta se acercó a mí saludando.

-Buenas tardes maestro -. Dejando mis labores del día con asombro respondí al verle de cerca.

-Buenos días amigo, ¿en qué te puedo servir? -. Tomando uno de los botes que utilizo para lijar los carros tomó asiento diciéndome con extrema preocupación.

-Solo estaré un momento maestro, lo que sucede que ayer llegué tarde a mi casa, sin dinero, con unas copas de más, por consecuencia lógica mi mujer se molestó mucho y ahorita que me levanté quiso pelear, por ese motivo mejor preferí salir de casa, ¡amigo, me hubiera reclamado cuando llegué y le doy su estate quieto! Le diré la verdad aquí entre hombres, ya quiero dejar de tomar, pero es muy difícil -.

Lo escuché con calma, punto por punto, ya que terminó su versión dejando mis ocupaciones y prestando la atención que merecía el hombre, di inicio con lo mío.

-Te es muy difícil porque no has encontrado la punta de la hebra para dar comienzo a un cambio verdadero.

-No entiendo -, respondía mirándome fijamente. Su aliento seguía penetrado a alcohol y sus ojos desvariaban por el consumo de las drogas.

– Es fácil amigo, tu golpeas a tu mujer, a tus hijos, agredes a tus hermanos y amigos que te rodean, amigo, ¿no es así? hay amigo, no te das cuenta que con eso solo consigues mortificar a tus padres, con ese comportamientos de falsa valentía, ¿de verdad quieres cambiar?

-Si -, respondía el hombre con la mirada caída.

-Pues entonces enfréntate a tu peor enemigo, dile lo que es en realidad. Muéstrale sus miserias humanas.

-¡A mi peor enemigo! -, exclamaba sorprendido el tipo; con sus ojos me decía ¿y quién es? jamás esperó mi respuesta, comprendiendo la expresión de su mirada continué.

-Párate ante un espejo, mira a tu yo interno ¡él es tu peor enemigo! Grita tus defecto tus miserias, el día que logres vencer tus vicios, toda esa cobardía que has sido y que sin darte cuenta lo disfrazaban en una valentía errónea ¿lo has hecho alguna vez? ¿Te has enfrentado a tus muchos defectos? -, pregunté mientras sus ojos cristalizaban y respondía.

-No, la verdad no maestro, pero yo soy el que manda en mi casa y si dejo que se me suban a las barbas al rato para bajarlas, ¡no, no, la verdad prefiero estar solo!

-¡Sabes porque no lo has hecho! por cobarde, porque no tienes el valor de enfrentar tus miserias, piensas que el golpear a tu mujer, a tus hijos, ofender a tus hermanos, a tus amigo, causar un gran dolor a tus padres es de valientes, no amigo eso es de un hombre cobarde, y me hablas de quedarte solo, tú no sabes lo que es la soledad -.

-Si lo sé, cuando mi vieja se va con sus papás al rancho, me quedo solo hasta un mes -.

-Eso no es soledad amigo son momentos de relajamiento, ni idea tienes de lo que es una soledad profunda, llegar a una casa tan fría como un témpano de hielo, sin calor familiar, sin nadie que te reciba, quien te ofrezca un taco, unas sandalias, divagar por las calles sin saber tu propio destino o fin, si terminarás tu vida en una cantina, debajo de un auto, o en un basurero comido por los carroñeros. Tú no sabes lo que es la soledad amigo, no hables de lo que no conoces -.

El señor solo me miraba, después de un breve silencio se levantó me dio la mano y me dijo.

-Voy a recuperar mi casa, ¿puedo visitarlo de cuando en cuando maestro?.

-Claro amigo el día que gustes, te enviaré algunos textos de superación personal que tengo, léelos con tu familia y no pierdas lo más hermoso de la vida que es la familia.

-¡Sí, claro que lo haré señor!

Aquel hombre se levantó y a paso apresurado salió de mi negocio mientras yo retomaba las labores de aquel día inactivo.

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