Un cuento a la vez

Por Eduardo Lomelí

¿Quién es más pobre?

Esa tarde me encontraba sentado afuera de mi casa, un joven de aproximada edad a los 17 años se acercaba a mí con un refresco en su mano y amable me saludaba.

-Hola don Lalo ¿cómo esta? -. Extrañado por el saludo respondí al joven de barrio.

-Bien muchacho ¿y tú?

-También, ¿me puedo sentar con usted un rato? -. Aún más confundido le respondí.

-¡Claro! trataré de ser una buena compañía joven amigo, respondía mientras lo miraba con una pequeña vara que traía en su mano, sentándose sobre una pequeña roca jugaba con la ramilla en la tierra, el silencio me confundía pero guardaba silencio respetando su meditación, minutos después rompió el silencio.

-¿Usted cree don Lalo que quien es más rico puede ser más feliz?

-El dinero reciente amigo te ofrece tranquilidad pero jamás podrá comprar la felicidad, la vestimenta que te ofrece un buen o mal comportamiento solo dependerá de ti mismo.

-La vestimenta que te ofrece, ¿un buen comportamiento? No entiendo don Lalo-. Poniendo mi mano sobre su hombro comencé a explicarle.

-La vida amigo tiene una vestimenta que te ofrece la sociedad, muchas personas se visten con malos hábitos, hombres que se dan el respeto de la sociedad, cubriendo delincuentes de cuello blanco, robando, denigrando a jóvenes sin experiencia, induciéndolos a vicios y malas costumbres, mujeres que se rebajan a ser amantes de altas personalidades poniendo así su dignidad en el suelo como tapete para ser pisoteadas, esas falsas vestimentas amigo, tarde o temprano caen y sin remedio alguno te verás desnudo ante la sociedad, cuando pretendas vestirte ante ésta, hazlo con dignidad, que el atuendo que presentes, nadie pueda despojarte de él-. Aquel joven solo miraba mis ojos, comprendiendo respondía.

-Tiene razón don Lalo, ¿usted es un viejo lobo verdad?

-La vida no es fácil, pero sí muy sabia, te enseña lo bueno y lo malo, si eres buen alumno aprenderás la lección si no entonces tropezarás a cada paso, no se es más rico con dinero si no con sabiduría, los ricos no pueden vivir tranquilos por cuidar la fortuna que tarde o temprano dejarán aquí para otros, quien trabaja con dignidad y para sus necesidades viven, disfrutan el hoy por hoy.

-Don Lalo yo tengo un amigo que sus padres tiene mucho dinero pero él dice que no es feliz, que sus padres solo viven para ver que nadie los robe, que jamás le han dedicado tiempos a los problemas de sus hijos, que todo lo quieren resolver con dinero, yo le cuento mi vida y se queda sorprendido al decirle que mi papá no tiene las grandes fortunas pero que siempre que ocupo de un consejo se sienta conmigo, le platico y él me da las soluciones que necesito, que en realidad me siento muy afortunado con los padres que me tocaron-. Aquel joven me miraba con gran emoción al platicarme su infancia, la poca adolescencia que tenía recorrida, pero esa luz de alegría se perdió al tocar el pasaje de vida de su amigo, diciendo.

-Mi amigo es adicto a la heroína, sus padres ni cuenta se han dado, dice que cuando lo ven mal la mamá le dice a su esposo “ha de tener problemas de dinero dale algo para que quite esa cara” de esa manera se fue metiendo a las drogas, en alguna ocasión me dijo que me cambiaba su vida por la mía-. Mirando con profundidad a los ojos del joven pregunté.

-¿Quién crees que es más rico, tu o tu amigo?

-Pues yo don Lalo.

-Pues valora esa riqueza, honra a tu padre a tu madre, respétate a ti mismo y se feliz como hasta ahora-. Escribiendo con su vara una hermosa leyenda sobre la tierra que decía “cuanto aprendizaje en tan poco tiempo” se despidió de mí preguntándome, ¿soy muy rico verdad don Lalo?

-¡Claro amigo! el dinero mal utilizado solo traerá desgracias y odios mal habidos.

El reciente amigo se retiró tarareando una canción aventando la vara por los aires, mientras yo lo despedía con una sonrisa.

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