Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio)

Por Pbro. Jesús Mendoza

Jesús entre mujeres

(San Lucas 10,38-42)

Domingo 21 de julio

Texto del Evangelio:

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».

Respondiendo, le dijo el Señor:

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Comentario:

I Para la inmensa mayoría de los paisanos de Jesús, la mujer era la ocasión muy fuerte de pecado.

Por eso los peritos en la enseñanza de Moisés, aconsejaban que nunca un varón estuviera a solas con una mujer que no fuera su madre, su mujer, su esposa, su hermana o su hija.

Este mandato, o en el mejor de los casos consejo, se debía a que consideraban a la mujer fuente de pecado. Decían que estar a solas con una mujer a solas era más peligroso que caminar en compañía de un animal feroz.

En el colmo de la insensatez, afirmaban que enseñar las Escrituras a una mujer era tan sacrílego como arrojarlas a las llamas.

II A todo este cúmulo de prejuicios, Jesús ni los toma en cuenta.

Jesús se hospeda en la casa de Marta y de María, con naturalidad total.

Marta lo llena de atenciones.

María se comporta como una auténtica discípula. Se centra por completo en la escucha de Jesús. Por aprender de Jesús, todo lo demás pierde para ella relevancia.

Marta, que se afana por llenar de atenciones a Jesús, se queja ante él de que María no trabaja para ayudarla en la atención dada a él.

III Jesús no le da la razón a Marta a pesar de tanta preocupación mostrada por él.

Para Jesús no es necesario que Marta se preocupe. Él se contenta con poco.

Él invita a Marta a que no deje arrastrar por la preocupación; que no se deshaga por atenderlo, que es poco lo que él necesita, que mucho más importante que atenderlo es escucharlo, que así es como se llena uno de su amistad.

A Jesús le interesa tener discípulos y discípulas, que proclamen la cercanía del Reinado de Dios.

IV Podemos ser como el samaritano de la sección anterior, si dedicamos toda nuestra atención a la enseñanza de Jesús.

De aquí sacamos lucidez, fortaleza y perseverancia para vivir al estilo de Jesús.

Con esto Jesús nos enseña que una mujer es tan buena amiga suya como lo es un varón.

Sin la oración contemplativa, carecemos de vigor para trabajar eficazmente por el Reino de Dios.

Sin la oración constante, humilde y confiada, puede reducirse a palabrería nuestro amor a Jesús.

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