Evangelii gaudium / La alegría del Evangelio

Por Pbro. Jesús Mendoza Preciado

Vivir la esperanza

(San Lucas 12,32-48)

Domingo 10 de agosto

Texto del Evangelio:

“No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes! Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.» Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?» El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene. Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede fiar. Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.”

Comentario:

I A todos los pasajes en los que Jesús nos habla de nuestra relación con el dinero, les sacamos la vuelta, o hacemos piruetas mentales, para volverlos inofensivos, y no dejar que nos cuestionen.

Al querer limar su dureza, le arrebatamos su belleza y su generación de felicidad.

II Somos “el rebañito” de Jesús. Ante los poderes económicos y militares somos muy poca cosa, casi nada. Si comparamos la influencia de los grupos criminales y nosotros, la diferencia es abismal.

Muchos hermanos nuestros no tienen asegurada ni siquiera la comida para el día siguiente.

A muchos los devora la usura y todo el anhelo de estafa y explotación.

III A gente como ésta, Jesús les llama a no tener miedo, porque Dios, padre de nosotros ha querido darnos su reino. Les ofrece tener parte en su poder salvador.

IV No los invita a acumular dinero, sino a compartir lo que de Dios han recibido con los más necesitados. Les dice que busquen lo que nadie puede quitarles, ni puede degradarse.

Jesús hace ver a sus discípulos que el desapego ante los bienes que se acaban y la ausencia por conseguir los bienes necesarios son indispensables para la búsqueda del Reino de Dios y su justicia (12,31-33)

Por eso Jesús les recomienda que, aunque sean pobres, compartan con la gente más necesitada los bienes que les proporciona Dios. Así es como obtendrían un patrimonio que nunca perderán.

V Jesús responde a las inquietudes de sus discípulos con dos parábolas:

En la primera parábola hay varios focos de atención: Todos los siervos deben aguardar el regreso del amo. Todos deben estar listos para abrirle la puerta en cuanto regrese, como si todos fueran porteros. A todos se les premia con una recompensa “que claramente no es de las realidades de este mundo. Esta generalización más bien es parte de la fe en un mundo religioso.

Todos los cristianos deben vigilar en espera del Señor (J. Dupont).

En esta parábola convertida en alegoría los siervos son los discípulos de Jesús, quienes deben estar dispuestos a trabajar con tesón en cada momento.

El amo es la figura de Cristo. La recompensa es el premio que les espera en el cielo a los seguidores de Cristo.

Se anuncia que el triunfo definitivo del Señor provoca un cambio radical en las condiciones sociales.

VI A los discípulos de Jesús se les pide estén siempre listos a realizar el trabajo que les ha sido encomendado; que sean como Guejazi, el criado del profeta Eliseo, que con la máxima rapidez acude al hijo único de la sunamita recién muerto (2 Reyes 4,29) para sacar a ésta de su agobio desolador.

Deben estar preparados a gozar de una alegría, fruto de una intervención liberadora, total e irrevocable de Dios. Esta acción no tolera la tardanza y el titubeo.

El Señor antes de saciar su hambre, después de un largo recorrido, se pone el delantal para servir a sus siervos fieles y prudentes.

Antes de remediar su necesidad, se ocupa de remediar el hambre de sus siervos.

Esto es lo que hace único al señorío de este señor.

Esta gente por ningún motivo, ni en momento alguno de la larga noche, dejaron de aguardar el regreso del Señor. Así no enterraron la esperanza.

Aquí se inculca a los discípulos de Jesús que su conducta debe estar de acuerdo con la esperanza en el triunfo definitivo de su Señor.

Nunca deben olvidar que son servidores del Señor que sirviendo muestran su grandeza, y por lo tanto en nada deben diferir de su Señor.

VII La hora precisa de la llegada del Señor es totalmente imprevisible.

La certidumbre de esta incertidumbre es total. Esto requiere estar siempre preparados con la mirada puesta en lo que rebasa a todos nosotros.

Esta advertencia es dada a gentes que ya no toman en serio el anuncio del fin, que viven como el rico necio (12,16-21), a muchos bautizados que se dejan llevar por la angustia ante la carencia de bienes materiales (12,22-30), y que no buscan el reinado de Dios (12,31) y el tesoro por lo que se desviven, es el que los ladrones roban y la polilla corroe (12,33).

El corazón de esta gente no está en Jesús (12,34). No les interesa que se establezca el reinado proclamado por Jesús.

Esta gente sin futuro, pudre el presente y lo hace insoportable (12,45-46)

“Presente desperdiciado, futuro malogrado” (J. Dupont)

Para esta gente, el encuentro con el Hijo del Hombre será funesto.

 

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