Reflexiones de vida

Por Eduardo Lomelí

Como un sueño con Dios

Las madrugadas corrían entre humos de cigarrillos, mujeres y copas de vino, Alberto, hombre solitario sin aspiraciones ni motivos de vida que lo impulsaran a ver la hermosa existencia que Dios le ofrecía, veía correr sus días entre esos ambientes.

Cierta noche al llegar a la casa donde solía vivir, al abrir la puerta con cerveza en mano, al sentir aquella soledad, el sistema de vida que llevaba dentro de una pocilga, la tristeza lo tomaba prisionero, provocando en él un pensamiento demoledor, con su mirada recorría cada punto de la habitación, pensando con extrema melancolía.

-¿Qué estoy haciendo de mi vida, quien me espera? nadie ni un perro que me reciba -. Las lágrimas que provocaba el estado de embriagues y la tristeza acumulada no esperaban para rodar por sus mejillas, la embriagante bebida caía de su mano; mirando frente a frente el crucifijo que lo acompañaba se puso de rodillas ante él, entre cortadas palabras se dejaba escuchar la desesperación de un hombre derrotado por sus propias pasiones, sin deseos de vivir.

-Señor no quiero vivir más de esta manera, dame las fuerzas para abandonar esta vida que llevo, sé que no podré hacerlo solo, no tengo valor para enfrentarme a mí realidad, tú dices Jesús, en la enseñanza que dejaste a tu paso por la tierra que no debemos quitarnos la vida, ¡oooh señor!… ¡entonces quítamela tu padre, no quiero ofenderte mas con mis actos vergonzosos! no deseo lastimarme más a mi mismo-. Su derrotada mirada caía al suelo, los fuertes sollozos resonaban en aquella pocilga descuidada, una tierna voz se dejaba escuchar.

-Levanta la mirada, hombre de poca Fe, vuelve atrás la mirada, recuerda lo bueno que realizaste, los triunfos que de la mano dejaste ir, retoma los proyectos olvidados, descansa tu mente, tu alma se como el barro y yo seré tu alfarero, no puedo ayudarte si tu no lo permites-. Alberto desconcertado buscaba aquella voz, que le trasmitía las palabras que daban sosiego al sufrimiento, pero intrigado preguntaba.

– ¿Quién eres, donde estas? -. Volteaba su mirada encontrando sobre su cama a un anciano de mirada dulce, sorprendido se dirigía al viejo sabio haciendo preguntas.

-¿Quién eres, como entraste, de dónde vienes?

-Soy Cristóbal, no entré porque siempre he estado aquí, ¿de dónde vengo? del mismo sitio del que vienes tú-. Alberto no daba crédito a la alucinación que él pensaba estar viviendo pero le gustaba postrando sus pies en el piso y su cabeza recargaba sobre las rodillas del anciano, Cristóbal acariciaba su pelo diciendo.

-Cuéntame tus tristezas, que aunque es verdad que las conozco siempre es bueno descargar el doloroso sufrimiento acumulado en el alma, las lágrimas del fracasado hombre no dejaban de correr por sus mejillas y con gran sentimiento daba inicio a su sentir.

-H e desperdiciado mi vida entre vinos, drogas y mujeres, mi vida es un completo fracaso, no se a donde voy, no puedo más con esta losa de derrotas acumuladas en mis espaldas, quiero morir pero no tengo el valor para arrancarme la vida, soy un completo fracaso, la vergüenza de una sociedad entera-. El viejo Cristóbal escuchaba con gran atención, de pronto interrumpía al notar el sosiego que invadía a Alberto.

– Querido amigo, tú eres un hombre desorientado por las amistades que te rodean, un hombre derrotado por tus propias pasiones, si es verdad por tus cobardías, pero logro ver en tus palabras que también tienes la firme intención de corregir los errores acumulados en tu vida, un hombre capaz, que no elige las puertas falsas del suicidio, solo retoma los valores perdidos ¡enfréntate a ti mismo! cuando logres ganar esa batalla lo demás se te dará por consecuencia lógica-. Los ojos de aquel hombre se comenzaban a cerrar, dormía profundamente pero las palabras del viejo

Cristóbal resonaban en sus oídos como el más hermoso sueño, mientras el andante de los caminos continuaba hablando.

-Yo vine a la tierra para morir por ti, ¿sabes una cosa? fue muy dolorosa mi pasión, pero lo hice por el gran amor que te tengo, y si a ti te duele tu fracaso a mi me causa mucho más sufrimiento verte así, como vivir una segunda pasión en tus sufrimiento, mañana te levantarás con un nuevo ánimo y esta visita depositará en ti la fortaleza que pides para enfrentar tus propias pasiones, no olvides que no existen los caminos erróneos, ya que todos sabemos las consecuencias que nos traerá un mal comportamiento. Cristóbal lo tomaba en sus brazos recostándolo sobre la humilde cama, mientras las palabras del viejo sabio se desvanecían en sus oídos.

Al día siguiente la felicidad reinaba en Alberto, enfrentó su destino y hoy en día es un hombre sano de vicios y malos sentires del corazón.

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